lunes, 19 de febrero de 2018

Relato erótico, Alejandro, el esclavo del sexo


Alejandro miraba a esa joven que un día fue su esposa y que ahora era una sádica ángel llena de oscuridad y sin amor. Allí, sentado en la cama completamente desnudo, y ella, frente a él, con un pequeño vestido negro que apenas tapaba su ropa interior. Esta no era la primera vez que había sido obligado a tener relaciones sexuales desde que fue atrapado por Seldo y Carolain. De hecho, llevaba casi una semana encadenado por los tobillos, allí, en una habitación mediana, con un baño sin ducha. Alejandro ya se encontraba transpirado de estar 4 días en esa cama sin poder asearse, teniendo sexo casi todas las noches con ella, Ányelik. Y de nuevo, ese ángel no le escuchaba, se puso sobre él para subir y bajar, tomaba su cabello sudado y gimiendo sin descanso. Siempre esperaba a que él llenara todo su interior de su semen caliente y después lo dejaba ahí tirado, mandando a Carolain que le diera de comer. Pero esta vez, Ányelik quedó demasiado exhausta y se tumbó a su lado para tomar aliento. Ese fue el momento en el que Alejandro aprovechó para rodear a su esposa por la cintura con sus labios muy cerca de su cuello para proceder a intentar decirle algo.

-Ányelik, por favor, necesito que vuelva ese lado cálido, quédate conmigo, no me hagas más esto sin amor. ¿Acaso no recuerdas esas veces? Cuando tú me mirabas desde abajo y sonreías.

Pero ahí Ányelik se incorporó antes de que siguiera hablando, dándose media vuelta para tapar su boca con su pequeña manita.
-Más te vale callarte, no intentes nada conmigo sucio vampiro provocante.

Y después tomó su vestido negro para ponérselo y pasar a levantarse para marcharse de la habitación con una expresión diferente, como si algo dentro de ella no pudiera comprender. Al día siguiente no apareció, ni al otro, Alejandro tuvo que esperar al séptimo día para verla entrar por la puerta pero, quién imaginaria que iría acompañada por la joven Karoe completamente desnuda.

-Karoe, ¡¿por qué la has traído aquí?!

Gritó aquel hombre de 34 años haciéndose una idea de lo que en la retorcida mente de la actual Ányelik podría haber.

-Esta pequeña inocente pensó que podría recuperar a su querido amigo Brayan viniendo a suplicarnos. Grave error jajajajajaja. Alguien que se marchó de su lado porque nunca supo apreciar su corazón, ahora cruelmente lo viene a buscar, no me hagas reír.

-Eso no es así, yo sólo.

No pudo continuar ya que Ányelik la propinó una bofetada para después tirarla a la cama de malos modos, menos mal que Alejandro la sostuvo para que no se hiciera daño.

-Cállate niña insoportable, tus excusas ahora son demasiado tarde, darse cuenta en el último momento que tu corazón puede amar a más de uno, pero bueno, yo no es que entienda mucho del amor ajajaja, simplemente quiero pasar un buen rato.

-¿A qué te refieres? ¿Qué estás insinuando que vamos a hacer Ányelik? No serás capaz de obligarme.

Y aquel ángel oscuro comenzó a reírse a carcajadas mirándolos a ambos, Karoe algo asustada detrás de Alejandro y este con una seria expresión viendo como Ányelik reía y más reía.

-¿Si lo sabes para qué preguntas? Sí, me encantaría ver cómo un hombre como tú se folla a esa pequeña insolente.

-No pienso hacerlo, Ányelik, me niego.

En ese momento Ányelik agarró del brazo a Karoe sacándola de la cama a la fuerza para después tomar una daga que llevaba enganchada en su muslo.

-Si no lo haces, la mataré. Después de todo, no me sirve para otra cosa, sólo para disfrutar.

Alejandro miró hacia un lado resignándose tras mantenerse unos segundos en silencio. No podía dejar que mataran a aquella joven de la que había cuidado tanto tiempo como su propio padre.

-Está bien, lo haré.

-Perfecto, eso es lo que quería escuchar.

Y de nuevo tiró a Karoe a la cama. Alejandro la tomó cuidadosamente para dejarla bajo su cuerpo. Esa chica de 14 años, se la veía tan pura, con su largo cabello rubio, su inocente mirada a través de esos ojos color marrón con un toque de verde por fuera que lo miraban entre lágrimas.

-Aajajajajaja, qué divertido, padre e hijo manteniendo relaciones con la misma mujer, es que no puedo parar de reír, es tan interesante ver vuestra reacción. ¿Cómo te sientes pequeña insolente? Después de por fin haber hecho el amor con ese niñato de difícil carácter, ahora también su padre estará dentro de ti, ¿qué sentirá él si lo descubre? Que su linda Karoe también se acostó con el hombre que es su padre.

Karoe intentaba retener sus lágrimas como podía, pero después miró hacia un lado pues no quería ver la cara de Alejandro. Este se agachó un poco tras tomar la manta y taparlos a ambos lo suficiente, se acercó al rostro de Karoe muy cerca de su oído.

-Karoe, no te preocupes, Gabriel, sé que él comprenderá la situación pues, sé que él te ama por encima de todas las cosas, nunca podrá odiarte por esto, que me odie a mí, no me importa, pero, nunca te echará las culpas de esto.

Y ahí Karoe lentamente giró su cabecita para mirarlo, pero al ver sus ojos ella cerró los suyos tan nerviosa que estaba sin tener claro lo que sucedería a continuación.
Si eso sucedería o no.

-Venga, quiero ver cómo lo hacéis. Es tan excitante ver a un hombre como tú penetrando a esa chiquilla. Mira que me resultas atractivo, no sabes cuánto, tienes un cuerpo magnífico y tu polla sabe dar placer pero, no es tan divertido tener sexo con el mismo hombre siempre más si dentro de ti no existen sentimientos. Pero en cambio, ver como ese hombre se acuesta con una chica inocente es algo completamente diferente. Apartad las mantas, quiero verlo todo, vamos.

-Karoe, lo siento.

Y Alejandro dejó que las mantas resbalaran por su espalda hasta que ambos dejaron ver sus cuerpos desnudos y Ányelik impaciente porque la acción comenzara los miraba con deseos de golpear a Alejandro. Ahora en vez de amor, sentía deseos inmensos de maltratarlo, abofetear su cara, tenerlo todo el tiempo encadenado y sucio. Al menos le había dicho a Carolain que lo afeitara ya que no le gustaban los hombres barbudos y tras tantos días la barba le había crecido. A parte que el rostro atractivo de Alejandro lucía mucho mejor sin pelos en la cara, tenía unos rasgos muy sexys pues él era mitad ángel mitad vampiro, parecía un asiático. Sus ojos eran muy azules que casi transparentaban y su cabello negro demasiado oscuro. Tenía la piel muy pálida y a veces parecía un cadáver andante. Para sus 34 años de edad no los aparentaba ya que se veía muy joven. Pero eso sí, se notaba la diferencia de edad entre él y la pequeña Karoe de sólo 14 años recién cumplidos. Alejandro sin ver otra opción tomó su miembro, Karoe lo miraba realmente nerviosa. Él no era capaz de mirarla en esos momentos en los que la penetraría, se sentía mal consigo mismo, haciéndole aquello a una niña a la que había cuidado todo ese tiempo como a su propia hija. Aunque no lo iba a negar, siempre le pareció muy hermosa y atractiva, con una personalidad similar a la que tuvo su esposa antes de ser invadida por la oscuridad. Karoe era un pequeño refugio cuando todos esos años ella no estuvo. Pero, esa niña no era Ányelik, era una chica diferente, con otros deseos y sentimientos y él lo sabía mejor que nadie.

Fue ese momento en el que al fin entró en su interior poco a poco, con cuidado de no lastimarla. Ányelik tenía en su mano un teléfono móvil con el cuál sacó unas cuantas fotografías mientras que Alejandro se mantenía inmóvil dentro de Karoe y ella fija en él sintiendo aquel dolor, pues sólo lo había hecho una vez con Gabriel y no estaba acostumbrada a tener sexo.

-Si no lo haces, publicaré estas fotos en tu trabajo y al mundo entero, todos verán que el gran Alejandro, campeón de varias ligas y respetado profesor, en sus ratos libres mantiene relaciones con sus alumnas, nada más y nada menos con la chica que cuidó tanto tiempo en su propia casa.

Alejandro muy serio comprendió que debía hacer aquello, y lentamente comenzó a entrar y salir de Karoe. Ambos no querían mirarse a los ojos, él, por sentirse mal consigo mismo, por no poder haber encontrado una solución, no poder proteger a Karoe y tener que hacerle aquello, ella, por el apuro, la vergüenza, y el pensar que el hijo de aquel hombre al cuál amaba, podría sentirse decepcionado. Al final él desvió sus ojos para mirar la carita de Karoe, que al poco le miró también. Siempre había pensado que Alejandro era un hombre muy atractivo, pensaba que era tan genial, tan educado siempre, tenía buenas maneras y un lindo corazón, después de haberse portado tan mal con esa familia, jamás la recriminó ni una sola vez, al contrario, Alejandro quiso cuidarla más todavía. No podía negar que le agradaba sentirlo dentro de ella, Alejandro, era esa sensación, el hombre que siempre te cuida como un padre, y a pesar de sentirse tan a falta de amor por la vida que tuvo, sí supo dárselo a ella, Alejandro tenía mucho amor dentro que no le dejaron sacar, sólo la que una vez fue su esposa logró hacerlo pero, Ányelik ahora no estaba y aún así, tras tanto sufrimiento por perderla, él siempre trató a Karoe con mucho afecto. Recordaba cuando aquel día en la pastelería él apareció tomándola en sus brazos como si fuera su pequeña hija. Él parecía que sólo sentía la necesidad de cuidar de aquella joven, ofreciéndola de nuevo su ayuda. Aquel hombre era cuidadoso con ella y a pesar de ser observados por una Ányelik malvada, él la trataba con cuidado penetrándola suavemente y manteniendo el control. Aún así, Alejandro sentía que era placentero estar dentro de esa chica, claro que nunca sería como estar con su amada Ányelik pero, Karoe no era como las demás chicas, era un inocente alma que sólo necesitaba cariño, que supo cómo animar a su familia, a su corazón. Quería disfrutar haciéndolo con ella, después de todo sería la única mujer que dejaría pasar por alto y sólo por la situación en la que se encontraban. Karoe le hacía sentir bien y no era algo incómodo el hacérselo a pesar de verla como a una pequeña niña a la que quería cuidar.

-Quiero que te detengas de estar penetrándola por unos momentos pues, deseo ver cómo le haces otro tipo de cosas.

Exclamó Ányelik sacando el móvil de nuevo. Alejandro en silencio salió del interior de Karoe.

-Muerde el interior de sus muslos con tus colmillos. Hazla daño, quiero ver una herida en su cuerpo.

-No quiero hacerle eso. Ányelik por favor.

Pero ella sacó la daga como hacía rato.

-Recuerda, si no lo haces, la mataré.

Alejandro volvió a resignarse y bajó hasta el interior de sus dos piernas, Karoe las había cerrado un poco muy nerviosa, Alejandro tomó sus muslos suavemente y ella los abrió con apuro. Allí pudo ver su vagina rosadita, tenía la parte que la rodeaba depilada pero en el pubis tenía algo de vello rubio claro. Dudó unos instantes pero aún así se acercó hasta el muslo derecho para clavar sus colmillos poco a poco, Karoe sentía el dolor cuando Alejandro atravesaba su piel. Al ser un vampiro, la sangre lo volvía realmente loco, aunque sabía controlarse, saborear la sangre que ahora emanaba del muslo de esa chiquilla, le gustaba demasiado, no quería parar de beberla pero al final, se dijo a sí mismo que no estaba bien disfrutar probando aquello.

-Estupendo, veo que te gustó y lo hiciste bien, ahora, lame su vagina, quiero ver cómo lo haces venga.

Alejandro soltó su carne para comprobar qué tipo de marca le había dejado, se sintió un monstruo viendo aquellos dos agujeros en su piel llenos de sangre. Dejó escapar un leve suspiro y después se acercó a su vagina. Tenía un ligero aroma a fluidos y sudor por haber estado siendo penetrada minutos antes, además estaba bastante húmeda. Alejandro comenzó a lamerlo, Ányelik sacaba fotos y Karoe miraba hacia un lado muy roja, con sus dos piernas ahora algo flexionadas rodeando la cabeza de Alejandro.

Aquel hombre parecía haber encontrado su adicción a pesar de que en su mente todo se contradecía.

Su miembro estaba realmente duro porque en el fondo todo era tan deseable.

-Perfecto, ya es hora de que sigas follándotela.

Dijo Ányelik cruzando sus brazos. Alejandro dejó de lamer su vagina, antes de subir de nuevo, miró aquello que Karoe tenía entre sus piernas, acariciándolo suavemente sintiendo que lo estaba maltratando. Después volvió a entrar en ella una y otra vez.

-Cómo me gusta ver esto, tan inocentes los dos, no queríais hacerlo, pero a pesar de las circunstancias, hay demasiada química entre vosotros. Venga, más pasión, no te dejes ver como un hombre frío por tu condición, deja ver todo lo que puede dar, quiero que se lo hagas como si me lo hicieras a mí en un pasado.

Alejandro volvió a pensar que ella no era Ányelik, esa niña era una dulce alma que no merecía ser engañada con falso deseo, pero la verdad es que, en esos momentos a él le apetecía desearla de otra manera diferente, como ese hombre protector que siempre fue.
Alejandro sí deseaba a Karoe, no de la manera en la que deseaba a Ányelik, era un deseo diferente pero en sí lleno de cariño y quería que esa dulce niña se sintiera bien mientras se lo hacía, por eso mientras la penetraba, aún sabiendo que eran observados, intentó ignorar aquello para besar su boca mientras que ella estaba apresada bajo sus brazos de hombre. Karoe se sentía sorprendida al ver que él fue a lanzarse a hacer tal cosa, en sí, no le desagradaba, era como algo nuevo para ella, que ese hombre que la había protegido todo ese tiempo, fuera capaz de besarla de aquella manera. Quería olvidar en aquel momento todo lo malo, que estaban atrapados allí, que le estaba siendo infiel al chico que amaba, que Alejandro era como un padre para ella. Aquel hombre sentía lo mismo, sólo querían hacerse sentir bien el uno al otro para sobrevivir.
Karoe al fin tomó la confianza de rodear a Alejandro con sus brazos que resultó ser una sorpresa agradable para este que no dejaba de mirarla y volvió a besarla.
El pene de Alejandro era grande para ella pues no estaba acostumbrada a tener sexo pero, él había hecho que pudiera humedecerse lo suficiente como para poder deslizarse en su interior, aunque eso sí, siempre tratando de no lastimarla siendo brusco.
Karoe sólo deseaba pensar en el placer que aquel hombre la estaba proporcionando, no quería pensar en nada más. Él era apuesto, sabía hacer el amor, era educado y calmado. Daba la imagen de ser un hombre maduro y serio pero con educación. A Karoe realmente le gustaban ese tipo de hombres, además que su físico le parecía perfecto. No le importaba en lo absoluto que fuera tan pálido y frío, eso nunca le había incomodado porque sabía que su corazón era cálido, además que en sí se veía hermoso y misterioso a la par. Alejandro poco a poco aceleraba más sus movimientos en el interior de Karoe, no dejaba de besarla sin descanso y Ányelik estaba sorprendida por verlos disfrutar así. Aquel hombre se había dejado llevar y le estaba haciendo el amor a esa joven chica. Ahora ninguno de los dos parecía arrepentido y algo dentro de ella le hizo sentir incómoda.

-Creo que ya vi suficiente y fue divertido, me marcharé por ahora, terminad si es que os apetece.

Y Ányelik se marchó de la habitación dejándolos solos.

-Ya estamos solos Karoe pero, ¿quieres que me detenga?

Ella miró hacia un lado sonrojada, en verdad, quería que continuara haciéndole el amor, así que, todavía con sus brazos rodeando su cuello, lo miró y le hizo agachar su rostro para besarlo ella ahora.

-Quiero que lleguemos hasta el final. ¿No piensas mal de mí?

-Nunca lo haré Karoe, sé que las circunstancias nos han hecho ponernos así. Sólo que quiero que no te sientas mal después de esto pero en sí, deseo hacerte el amor en estos instantes.

-Entonces, junm, hazlo.

Ambos no se habían podido controlar. Se habían excitado tanto que perdieron un poco la cabeza y ahora querían disfrutar en la cama. Alejandro se tapó un poco hasta la espalda y allí la penetró moviendo esta vez sus caderas un poco en círculos, saliendo lentamente de ella pero entrando a más velocidad para pasar a darle un pequeño golpecito al llegar al fondo, besándola y más besándola, sintiendo como salpicaban sus fluidos al golpear el fondo de su cuerpo, apresando su miembro todo el tiempo. Ahora que no estaban siendo observados, acariciando con libertad sus cuerpos, Karoe suavemente con sus uñas las deslizaba por su espalda, a veces tomaba su piel con deseo, Alejandro cogía su cintura con una de sus manos, caricias en su brazo, apartando su largo cabello rubio de su cuello para besarla ahí, darle ligeros mordiscos, tomar su pecho, que lo amarrara con una de sus piernas, él tomaba esa pierna para juntarla más a él y llegar a lo más profundo de ella sin olvidarse del golpecito final que a esa chiquilla tanto le gustaba.
Karoe gemía ligeramente porque aún teniendo la libertad de hacer el amor con él, sabía que no estaban en su propia casa y seguían presos en aquel lugar. No querían ser oídos. Ella le pedía que la comiera el cuello, su boca, que le diera aún más fuerte, a más velocidad, a pesar de que la dolía un poco al ser su segunda penetración, le gustaba mucho ese dolor en lo más profundo.
A los pocos minutos no lo pudo resistir más llegando al orgasmo, su cuerpo temblando mientras que se había quedado fija en los ojos azules de Alejandro, con su boquita tomando y soltando aire y arañando ligeramente su hombro.
Después él se acercó a su cuello dejando sus colmillos allí clavados y, tomando su trasero elevándola un poco para darle con todas sus fuerzas y llegar hasta el final llenando toda su vagina de su cálido semen. Se quedó cerca de un minuto dentro de ella descansando y preguntándose qué acababa de hacer.
Cuando al fin pudo salir de su cuerpo, ella lo miró ahora estando muy roja y girándose en la cama llevando sus manitas a su boca. Alejandro tomó las mantas para arroparla y después ponerse tras de ella y rodearla por la cintura. Se veía tan frágil a su lado.

-Siento tanto habértelo hecho así, no me dejaron asearme y ya sabes que me gusta ir siempre limpio.

Karoe se giró en la cama para mirarlo a los ojos, su cabello ahora más sucio que antes, pegado a su rostro por el sudor, y llevando sus manitas a su cara para acariciarlo y apartarlo un poco.

-No te preocupes, no tenías otra opción, aunque, he de reconocer, que aún sin bañarte, sigues viéndote apuesto.

-Pero siento que es algo asqueroso estar así, estás tan pegada a mí, dejaste que me acercara, que te besara, ahora estamos muy juntos en la misma cama con las sábanas sucias, llenas de mis fluidos y sudor.

Y Karoe le sonrió.

-No importa Alejandro, no me diste asco en ningún momento, aunque no huelas como siempre a perfume, así sudado también atraes un montón.

Y ella se pegó a su pecho húmedo y este la rodeó como si fuera su propio padre protegiéndola. Poco después, la puerta se abrió y allí Ányelik apareció tomándolos a los dos envueltos en la manta. Ella no decía nada, simplemente aprovechó que no estaban ni Seldo ni Carolain para dejarlos en la calle abandonados. Parecía ser, que algo en ella había despertado, el verlos juntos en la cama, ¿qué sería?


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