viernes, 21 de diciembre de 2018

jueves, 15 de noviembre de 2018

El falso verano, relato viejo

Es un pequeño relato de hace tantos años, que ni puedo recordar cuando lo hice.
No es lo mejor que vayan a leer pero creo que dejé esa magia que antes tenía que me hacía sentir feliz.
Anyelik y Karoe son la misma persona en mundos diferentes.
Pero en esta historia aparecen como dos personajes distintos pues forman parte de una serie que andaba escribiendo.
Anyelik era la esposa de Alejandro, esta desapareció hacía unos años y Karoe era una adolescente que se había quedado en su casa ya que los padres de esta la habían echado.


Se escuchaba una melodía en mitad de aquel pasillo oscuro, en la lejanía, cada vez más y más cerca, parecía que se fundía con el ambiente, esa melodía que tanto extrañabas, que te traía tantos recuerdos.

Esa voz.... lo sabías, casi todos los aspectos de su personalidad, excepto el exceso de inocencia, todo te recordaba a ella.

La persona que tanto amabas y que se fue, y no sabes si alguna vez volverá para estar junto a ti.
Caminabas sintiendo tus propios pasos con esos zapatos que te gustaba llevar elegantes, así era tu estilo.
A pesar de que decías que te daba igual que las chicas te miraran, ya que, amabas a una sola persona, ¿A quién no le gusta ser admirado por su físico?
Siempre presentable, incluso para estar en el día a día por tu casa.
Con tu físico de modelo del que te sentías tan orgulloso, no mientas, eras algo narcisista en secreto.
Querías descubrir por qué esa voz, esa música interpretada con un piano, tan armoniosamente complementadas la una con la otra.
Esas manos tan habilidosas con la música, esa voz que sonaba tan perfecta, natural, diferente a las demás y a la vez tan parecida, de nuevo, a esa persona que tanto necesitabas.
Los enormes ventanales que había a la derecha de ese amplio pasillo, te daban la claridad de la luna.
Dándole ese ambiente tan misterioso y cliché.
Típico.
La melodía provenía del aula de música, de eso estabas seguro al cien por cien.
Reconocías su voz perfectamente, ¿Cómo no reconocerla después de haberla escuchado tantas veces?
No sabías por qué ella estaba aún en ese lugar tan vacío cuando a esas horas todos los alumnos ya se habían marchado a sus casas.
La noche anterior no había estado en tu casa, ya te habías acostumbrado a su presencia constante día tras meses, su cálida alegría que tanto necesitabas.
Era como el verano, con su largo cabello rubio y sus ojos marrones con un toque verde.

«Pero, ¿Qué ocultas en tu interior? Siempre me lo he preguntado»

Pensaste justo frente a la puerta posando la mano en la fría madera pintada de blanco.

«¿Por qué esa canción? ¿Quién eres realmente? ¿Intentas engañarme de nuevo?»

Abriste la puerta y allí estaba Karoe tocando el piano que tantas mañanas había usado para desahogar el verdadero otoño de su corazón, tan triste y solitario, después del caluroso verano, poco a poco perdiendo la calidez, la poca que aún conserva es la que muestra al resto, superficialmente, poco a poco parece interminable esa calidez.
Es por eso que Karoe es cómo el primer mes de otoño.
Su voz se detuvo mientras la última nota se degradaba poco a poco.

Alejandro.

Se puso en pie sin saber qué ocurriría realmente, deseando que todo pasara cómo había planeado durante todo el día y parte del anterior.
Su mano se deslizó por el piano hasta quedarse en el borde.
Te miraba de vez en cuando deseando clavar su mirada en la tuya demasiado apurada.
Seguías sin saber qué responder.
¿Cómo es que ella sabía de esa canción? Esa nana que Anyelik le cantaba a Gabriel cada noche.
Querías creer que había vuelto en el cuerpo de otra persona aunque eso fuese lo más imposible que pudiera suceder.
En verdad necesitabas creer que de alguna forma ella volvía a existir en el mismo mundo que el tuyo, que todos los indicios no significaban otra cosa que eso, que la verdadera realidad no era auténtica y tenía que ser la fantasía totalmente real.
Todo lo que sentías no podía formar parte de tu imaginación.
De una vez por todas algo tendría que ser cierto, la locura aún no se había apoderado de ti.

Dime que eres quién tanto necesito.
Cada día me confundo más y más con tu presencia a mi alrededor.

Soy todo lo que desees esta noche, esta noche te necesito como Anyelik.

¿Por qué no me das una respuesta precisa? Decías mientras no dejabas de mirar sus ojos.
Con tu presencia respetable siendo 21 mayor que aquella chiquilla que estaba dejándote totalmente desarmado.

Yo, soy Anyelik.
Esta noche soy Anyelik.

Querías creer aquello, querías de nuevo tenerla entre tus brazos, incluso si ella realmente no era quién creías que era.
Y Karoe corría hacia ti, la veías venir, lanzándose a tus brazos, rodeándote entre la cintura y tu pecho, la diferencia de estatura era realmente notoria, una pequeña chica de 13 años junto a un hombre de 34.
De nuevo mostrando su calidez fría con sus delgados brazos hacia tu espalda, amarraba la camisa blanca con fuerza y a la vez debilidad, deseando más, esperándote, sabiendo gracias a la esperanza que tarde o temprano también la abrazarías.
Y es que, no pudiste evitarlo, no quisiste evadirlo, también lo necesitabas, fuera quien fuera, necesitabas que por unos escasos momentos ella estuviera como Anyelik, disfrazada.

Vámonos de nuevo a casa.

A casa... —dijo Karoe con su voz casi en susurros.

«A caso, ¿tengo un hogar?
No, no quiero llorar ahora.»

Eso último lo pensó.
Y sin que se lo esperase, la tomaste en tus brazos cómo si fuera tu propia hija, tan pequeña y frágil.
Sosteniéndola con el brazo en su trasero, ella rodeando tu cuello con sus brazos, con su carita pegada a ti.
Con cuidado de no pillar su largo cabello rubio y darle algún tirón.
Salir de aquel aula, de nuevo pasar por aquel pasillo y bajar las escaleras para volver por el camino que recorriste al entrar y así meteros al coche familiar.
Cómo a una muñeca de porcelana, delicada, había que tratarla con cuidado para sentarla en el asiento que hay junto al del conductor.
Después tomaste el volante rumbo a casa, un trayecto corto en silencio, en la mente de cada uno sabiendo lo que pasaría.
Las luces de la ciudad nocturna alumbrando vuestras caras, acompañados del sonido de los demás conductores que venían del otro lado.
Al fin, al final de la calle que había frente a vuestros ojos podía verse la casa, un chalet muy bien situado y de clase media alta, más alta que media.
Todos los chalets de la calle eran diferentes, todos separados, casitas personalizadas al gusto del dueño.
Con un aspecto algo rústico.
Tras aparcar el coche dentro del garaje, Karoe bajó tras que tú lo hicieras y de nuevo la tomaste en tus brazos todo decidido, caminando con pasos algo acelerados en dirección a la habitación.
Ni siquiera te hizo falta dar las luces pues ya te sabías el camino a la perfección, de hecho muchas noches ibas al baño sin encender la del pasillo.
Ya en la habitación amplia, la tumbaste en aquella cama de matrimonio que tanto tiempo la habías usado para ti solo.
Sentado en un lateral pero colocado algo hacia un lado sobre ella.
Mirando sus ojos fijamente.

¿Qué escondes?
Quisiera poder saber la verdadera realidad, quién eres en este momento.

Y así sus manos se aproximaron a tu cara con esa expresión seria e inexpresiva que tanto te caracterizaba, al fin tocando tus mejillas con esas pequeñas manitas suaves sobre tu piel afeitada de esa mañana y casi en un suspiro, sus labios sobre los tuyos, un beso que tarde o temprano esperabas, terminando por colocarte sobre ella en la cama para besar su boca más fácilmente.
Una y otra vez repetidas veces, necesitabas de nuevo volver a besar, llevabas tantos años sin hacerlo que pensabas que ya nunca más volverías a sentir esa sensación, pensabas que olvidarías cómo se sentía, como el sonido de la voz de algunas personas que llevabas tiempo sin ver.
Intentando recordar cómo sonaba, el timbre, mezclándose con otras voces y sabiendo que así no era realmente.
¿Por qué cambiabas la voz a las personas?
Tan difícil es quedarse con el sonido en tu recuerdo.
Ojalá que los besos no fueran así.
Sus brazos, ahora siempre rodeándote, cómo si necesitara más calidez por la que constantemente tenía que dar al resto del mundo.
Recargando la batería de su frío interior.
Mezclándose constantemente frío y calor, el punto intermedio se formaba cuando chocaban entre sí, cuando su soledad se mostraba pero, era capaz de ver una luz después de todo y su bonita cara de ángel, que de nuevo esbozaba una sonrisa, era el falso verano, su auténtico ser.
Una de tus manos quiso acariciar su carita, es así cuando al final descubriste quién en verdad era ella, la humedad que resbalaba de sus ojos.
Ella no era Anyelik.
Nunca lo fue, solo, quería el calor de alguien porque sabía desde un principio que el verano se quedó atrás, lejos, y por siempre sería así.
Su calor para sustituir a la persona que una vez le dio lo que necesitaba para no congelarse.
Mirar sus ojos cristalinos cubiertos de lágrimas, clavados en los tuyos, deseando explotar en llanto.
Sabías perfectamente lo que hacer en ese momento, tomarla entre tus brazos abrazándola con fuerza.
Siendo lo que debías ser verdaderamente.
Lo que siempre ella necesitó.

Karoe, yo, seré lo que quieras que sea, tu padre, tu hermano mayor.
Pero si necesitabas el calor de alguien, no había hecho falta engañar a mi estúpido corazón.

Alejandro, lo siento, lo siento tanto —entre lágrimas, empapando la camisa—. Siempre necesitaré a alguien en mi vida porque por mí sola no sé vivir, me quedo inútilmente estancada y pasiva con todo lo que me rodea, nada me importa, ni yo misma me importo.

Eso mismo me pasa, necesito el calor de alguien porque si no caería en el mismo infierno.
Ambos por dentro estamos congelados y necesitamos el calor de otra persona para poder ser felices y continuar con nuestra vida.

Y acariciabas su largo cabello tan suave mientras os mirábais a los ojos calmando vuestra alma por un tiempo.

No hemos nacido para estar solos, me ha encantado todo este tiempo cuidar de ti cómo una hija aunque en verdad no lo seas.

Y es que dos estaciones exactamente iguales no pueden vivir juntas eternamente sin terminar congelándose, ambas aunque por siempre estén juntas, necesitan el calor abrasador del verano o la templada primavera.
Es por eso que los polos opuestos se atraen, Gabriel, era el único para Karoe.
Así cómo él, bajo un falso invierno, ocultaba esa primavera recién salida del frío, frío que de vez en cuando lo visitaba aun siendo casi un espejismo, y el falso verano que necesitaba templarse un poco, con algunos días en los que una chaqueta es más que necesario para salir a la calle en pleno otoño, también en primavera hay días así.

sábado, 30 de junio de 2018

Guerra perdida

Guerra perdida.
La joven princesa muere de dolor tras que le llegaran las noticias de que su fiel y amado caballero, ha caído en batalla.
Ambos se amaban a pesar de ser un amor imposible pero ahora, el dolor es aún mayor por su muerte.

Qué más dará que en mi ordenador tras escanearlo, los colores se logren ver hermosos, en los móviles se cambian los colores y se añade brillo quitando contraste, es todo un asco puro.
Quisiera poder enseñaros este dibujo en persona, no está pintando tampoco demasiado bien, quise hacerlo no tan realista además que no sé pintar piedras con lápices de colores y usé acuarelas.
Pero el dibujo se veía decente en mi ordenador, ahora todos veréis mi dibujo del culo porque en los móviles todo el color se va al cuerno.

lunes, 11 de junio de 2018

martes, 22 de mayo de 2018

domingo, 20 de mayo de 2018