jueves, 19 de mayo de 2022

Para mi esposo Carl

 Anye le había estado provocando ya demasiado y Carl tenía esa gran duda.

Sabía perfectamente que tenía un buen aparato entre sus piernas pero nunca se había parado a tomar una regla para captar su envergadura.

Y Anye, con sus preguntas curiosas ¿Cuánto le debe de medir a Carl?

Estoy segura de que la tiene más grande que Manolo.

Y así, con esa regla, y bien excitado de verle el culo a su esposa, sacó su apoteosidad y descubrió al fin que lo que ahí tenía, Anye podría gozarlo salvajemente.

Atontado por el deseo, pensando que ella podía comprobar cuan maravillosa era su herramienta, imaginando su carita roja de la vergüenza y con muchas ganas de él, al final tuvo que darse unas ligeras caricias con esa mano sexy de hombre potente que tenía.

Deseaba que su adorada y hermosa esposa le viera en esos momentos mientras se auto complacía.

-ooooh Anye, quiero que la sientas.

Decía con su voz grave y varonil de macho cachondo, como una fiera salvaje deseando que su indefensa dama cayera bajo sus garras.

Y allí, delante de sus narices, es que ella se había topado con un portal y le acababa de pillar con la mano en la picha.

-carlitos por dios, ay madre.

Gimió sonrojada tapándose la cara.

Carl tuvo que dejar esa tarea incrédulo, viendo como su esposa estaba ya, allí, y ella, sintió esas manos pecaminosas rozar sus brazos para tomarlos y destapar su cara, menos mal que se había guardado su potencia suprema en esos pantalones vaqueros azules, pero su erección era lo que predominaba aún en esa situación, y el bulto se dejaba ver con chulería y sin ánimos de querer bajar.

Anye tenía muchas ganas de que su hombre la comiera la boca, sabía que a menudo la observaba con el hambre por sus labios bien candente.

Carl es un tío bueno a otro nivel, su carita es perfecta y quiero morrearle, ahí tirado en la cama preso por mis encantos, sus muñecas atadas arriba y mi manita tomando sus mofletitos para sacar un poco sus morritos y besarle y más besarle.

Levantar esa camiseta y ver su cuerpo de hombre grandioso, el cuerpo de un dios angelical y exótico con chocolate blanco para empacharme, es mi chocolatito con leche tan delicioso que voy a violar y sobetear como una niña con su juguetito adorado.

Voy a ser mala con Carl y voy a abusar de todo él, es un pequeño niño para mí que por mucho que quiera proteger, mi deseo y hambruna por él es sobresaliente y podría morderle y más morderle, besarle, sentir el aroma de su cuello, implorando por escuchar esa voz de chico travieso y rebelde, en verdad es un trozo de caramelo lindo blandito para mí.

Que se dejaría masticar por su diosa madre y esposa una y otra vez ya que sabe, que nunca lo dañaría aun así.

Esos muslos fuertes en donde quiero sentarme sabiendo que en esos condenados y malditos pantalones se esconde lo que quiero que me meta.

Mi pequeño niño es todo un hombre, un hombre adulto que pecará por su diosa.

Una madre que atesora a ese ángel exótico que derrite chocolate por cada parte de su alma.


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