Recuerdo los días de lluvia, cuando vivía con mis abuelos hace tantos años, adoraba sentirme toda mojada, sentir el frío para después meterme en el brasero tras una ducha calentita.
El cielo gris es como una adicción para mí, me gusta un poquito más que los días soleados, pero, hay una sensación que me gusta demasiado, algo que normalmente me ha molestado pero cuando llevas un paraguas, la cosa cambia.
Aquel día hacía el peor viento de todos, yo llevaba paraguas, cosa rara en mí porque siempre que llueve voy sin él.
Entonces, el viento se colaba dentro del paraguas y parecía que podía volar.
Me lo había colocado de una forma en la que las gotas traídas por el fuerte viento me estaban empapando, ahí, sintiendo como el paraguas se quería elevar por la fuerza del viento, pensé que me echaría a volar, una sensación de libertad inmensa.
Ojalá pudierais sentir lo que os intento transmitir, es que, volando con ese frío viento, empapándome, no me importaba pues, sentir mi cuerpo helado me daba más la sensación de estar volando.
En un principio quería hacer a la chica flotando bajo la lluvia con el paraguas pero elegí la otra opción por mi amor al pasado, sólo me gustan esos días por el recuerdo confortable que había después, aunque es extraño, porque ahora ya no están mis abuelos y no hay brasero, pero me sigue gustando ver el cielo gris.

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